Paisajes agrícolas de La Gomera: paredones y bancales

En el caso de La Gomera, los paredones y bancales se han tomado como elementos que definen y caracterizan los paisajes agrícolas de isla. Estos presentan un alto valor agrario y paisajístico, pero también ecológico, económico y patrimonial.

Valores agrarios y paisajísticos:

La impronta humana en la orografía gomera, cincelada a base de paredones y bancales, salpicados por formaciones de monteverde, sabinas y palmeras, determina paisajes de elevada singularidad visual.

Valores ecológicos:

Los valores ecológicos de los paredones y bancales son especialmente significativos en materia de regulación hídrica, incidiendo en los procesos de escorrentía superficial, infiltración del agua, recarga de los acuíferos y erosión del suelo. El escalonamiento de la ladera contribuye a atenuar los problemas de erosión hídrica, asociados a la escasa cubierta vegetal y orgánica de los suelos situados en pendientes moderadas o fuertes.

Valores económicos:

En la economía de autoabastecimiento, los bancales eran dedicados, y lo son aún en muchos pueblos, a tres tipos de cultivos: hortícolas en bancales de regadío, arboricultura de secano, y cereales. En las laderas de solana abancaladas, el regadío permitía diversificar los cultivos hortícolas con respecto a los campos próximos a los cauces, lo que era muy interesante en un sistema socioeconómico de escasos intercambios. Los bancales resultaban también una estructura agrícola muy válida para el cultivo del cereal.

Valores patrimoniales:

En La Gomera los elementos del patrimonio cultural y natural cohabitan en el espacio rural y constituyen nuestro patrimonio. Desde este punto de vista, las laderas abancaladas conforman paisajes muy valorados por su riqueza estética y etnográfica. Como forma tradicional del paisaje gomero, se considera a los caseríos como un conjunto de gran valor histórico, etnográfico o arquitectónico, dónde la plataforma generada por el propio bancal se convierte, en si mismo, en una unidad dónde asentar la edificación, de manera que el asentamiento poblacional se fragmenta siguiendo la fisonomía creada por el abancalamiento agrícola.